domingo, 29 de septiembre de 2013

La Caracola






En lo más profundo del mar, donde las aguas son oscuras y suaves, vivía un rey Tritón con su esposa. Ellos deseaban tener un hijo, habían tratado miles de veces pero no lo conseguían.

A la reina le gustaba tallar  figuras en los corales y pasaba millones de horas con este pasatiempo.  Un día, mientras paseaba a paso de tortuga por los alrededores del palacio, se encontró con un pequeño pez que al parecer había sido herido por algún tiburón. La hermosa sirena se compadeció de él, acarició sus moradas escamas y lo llevó a palacio. Ahí cuidó de él toda la noche.

Al amanecer, la reina se dirigió a la habitación de su huésped, quedó sorprendida al ver que la habitación estaba vacía, se percató de que sobre la cama había una hermosa caracola junto a una nota que decía: “Gracias por cuidarme, no olvides que los sueños se hacen realidad”. La bella sirena cogió la caracola. Era tan suave que al tocarla se sentía como si fuera de seda. La llevó a su dormitorio y la puso sobre una cobija en su mesa.

Al día siguiente, la reina se despertó muy temprano para salir a pasear, cuando se percató de que la caracola se estaba convirtiendo en una bella bebé.

La reina la tomó entre sus brazos; era el bebé que siempre había deseado tener. Con mucha alegría, llamó a su esposo, él vino corriendo y se quedó sorprendido de ver al precioso bebé caracola, y desde ese momento se volvieron inseparables.

Con el pasar del tiempo, este bebé se convirtió en una hermosa mujer caracola, muy admirada y querida en su reino por ser una excelente cantante de ópera.
Todas las noches en ‘El Gran Teatro Marino’, que era en donde se presentaba, siempre reservaba dos asientos para que su mamá, la reina, y su papá, el rey Tritón, la escuchen cantar.


Andrea Cieza
 

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