jueves, 3 de octubre de 2013

La ninfa salvadora





Darío salió de su casa muy preocupado por la salud de su madre. Caminó hasta el  puente y elevó la mirada hasta visualizar la única estrella que brillaba más que un diamante en el cielo. Después del accidente de su padre, la salud de su mamá había empeorado rápidamente. Él se preguntaba qué sentido tenía seguir sin ella. Siguió caminando y entró a una farmacia, sacó una receta del bolsillo derecho de su pantalón y se la aproximó a una señorita de mirada perdida y cabellos de escoba. Esta consultó con un hombre de bata blanca y regresó con Darío, y le entregó la receta con los precios en la parte de atrás. Él miro la receta y salió decepcionado; pensó que había más posibilidades de que un meteorito cayera sobre su casa y la dejara intacta a que él pudiera pagar tal precio.


Después de veinte minutos, pensando en cómo podía conseguir el dinero, se sentó a orillas del largo y profundo río que rodeaba el pequeño pueblo en donde vivía. De pronto, una mujer mitad humana mitad caracol ascendió desde la profundidad del lago.


El muchacho se asustó y se levantó de inmediato. Segundos después se dio cuenta de que nunca había observado un ser tan hermoso. Ella se le aproximó y colocó su mano de seda sobre el rostro del muchacho, le entregó una bolsa con monedas de oro y sonrió. Darío las tomo y se alejó rápidamente ignorando que todo en la vida tiene un precio. 

Pía Cueva

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