
Darío salió de su casa muy preocupado por la salud de su
madre. Caminó hasta el puente y elevó la
mirada hasta visualizar la única estrella que brillaba más que un diamante en
el cielo. Después del accidente de su padre, la salud de su mamá había empeorado
rápidamente. Él se preguntaba qué sentido tenía seguir sin ella. Siguió
caminando y entró a una farmacia, sacó una receta del bolsillo derecho de su
pantalón y se la aproximó a una señorita de mirada perdida y cabellos de
escoba. Esta consultó con un hombre de bata blanca y regresó con Darío, y le
entregó la receta con los precios en la parte de atrás. Él miro la receta y salió
decepcionado; pensó que había más posibilidades de que un meteorito cayera
sobre su casa y la dejara intacta a que él pudiera pagar tal precio.
Después de veinte minutos, pensando en cómo podía conseguir
el dinero, se sentó a orillas del largo y profundo río que rodeaba el pequeño
pueblo en donde vivía. De pronto, una mujer mitad humana mitad caracol ascendió
desde la profundidad del lago.
El muchacho se asustó y se levantó de inmediato. Segundos
después se dio cuenta de que nunca había observado un ser tan hermoso. Ella se
le aproximó y colocó su mano de seda sobre el rostro del muchacho, le entregó
una bolsa con monedas de oro y sonrió. Darío las tomo y se alejó rápidamente
ignorando que todo en la vida tiene un precio.
Pía Cueva
Pía Cueva
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